Y de esa sonrisa se derivaban un montón de olas caóticas,
que tal vez tengan que ver con deseos o anhelos que quise alguna vez cumplir,
y
con algunos fragmentos de sus versos que me emocionan...
Su piel era tersa,
blanca, maleable, arena.
Su cuello se alargaba y yo la recorría con mis dedos
espinados...
Su tórax se expandía y yo me dejaba llevar por su ardiente marea.
Su
espalda se ensanchaba y sus escápulas querían convertirse en alas y yo me aferraba
a aquella mariposa para volar. Su vientre se curvaba y yo derramaba en ella mi
lengua para conocer el pulso de la mar. Sus muslos se entreabrían y mis manos
se posaban en tus rodillas para iniciar la adoración del alba. Melódicos
gemidos envolvía mi cabeza y me obligaba a escuchar el flujo anhelante de sus
entrañas. Gemías... Y yo, ciego de olas naufragaba como pez en la punta de tus
pies, hecho roca y arena.
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